miércoles, 2 de agosto de 2023

Obligar a un alumno a repetir es una medida nefasta

Apenas repuestos de la sorpresa de saber que en muchos colegios e institutos las notas se hinchan, recibimos otro inesperado revés: repetir es malo. No solo malo, es nefasto. Eso dice el sociólogo Daniel Gabaldón en este artículo: REPETIR CURSO | "Una medida nefasta que no sirve" | El Periódico de España.

Así que, profesores en activo, ya sabéis, abandonad esa perniciosa afición. Profesores retirados, arrepentíos de vuestros inconfesables apetitos pasados.

Ya en el primer párrafo, el señor Gabaldón nos ilumina: en Finlandia y Suecia, considerados los mejores sistemas educativos, casi nadie repite. Así que, profesores, aprobad a la muchachada para que el sistema educativo en España sea tan bueno como el de esos dos países nórdicos.

Lamento repetirme, pero es que pedagogos, sociólogos, políticos y opinadores en general caen una y otra vez en la misma falacia: confundir el problema con la consecuencia del problema, la enfermedad con el síntoma. 

Este sociólogo no dice una palabra de cómo mejorar el aprendizaje para que los alumnos alcancen los objetivos de curso o de etapa y, por tanto, no tengan que repetir. Entre líneas se lee que basta con que los profesores pongan notas buenas. Buenas en dos sentidos, por un lado, superiores a 5 y por otro, políticamente correctas. De hecho, pone como ejemplo de lo que se hizo bien el que el año del confinamiento solo repitió el 3,9% del alumnado, mientras que el curso siguiente ya se hicieron las cosas mal, pues repitió más del 8%. ¡Fantástico argumento falaz! Todos sabéis por qué aprobó casi todo el mundo el año 2020 y por qué no aprobaron todos el curso siguiente. Basta indicar lo que dice el propio Gabaldón: "se dieron facilidades al estudiantado". Encantador eufemismo para lo que fueron instrucciones explícitas de las administraciones educativas de aprobar "como norma general". Y ese aprobado "como norma general" provocó un enorme número de alumnos que se tomaron el tercer trimestre a beneficio de inventario, lo cual está en el origen del mayor fracaso del curso siguiente.

Vamos por partes: Finlandia y Suecia son los mejores sistemas educativos según se desprende del informe PISA. Pues no, los mejores son China, Corea del Sur y Japón. Finlandia ha sido casi siempre el mejor de Europa. CASI siempre. Por ejemplo, en el informe de 2018, en matemáticas, Finlandia ha sido superada por Estonia, Países Bajos, Polonia, Suiza, Dinamarca, Eslovenia y Bélgica, en Europa; además de por China (dividida en tres áreas: Shanghái y alrededores, Macao y Hong Kong) Singapur, Taiwan, Japón, Corea del Sur y Canadá en Asia y América. Últimamente, Estonia supera con frecuencia a Finlandia. De hecho, desde  2012, Finlandia cae en matemáticas.

Respecto a Suecia, es verdad que ha obtenido algunos años puestos altos, pero, por ejemplo en 2015, obtuvo el puesto 28 en ciencias (empatada con España), el 17 en lectura y el 23 en matemáticas. O sea, no está considerado, ni mucho menos entre los mejores.

Puestos a copiar de los buenos, ¿por qué no copiamos a China y Corea del Sur? En Corea del Sur todos los alumnos tienen siete horas de clase diarias en su colegio, pero, después asisten a prestigiosas academias privadas para continuar estudiando, de modo que se pasan largas jornadas dedicadas solo al aprendizaje. Para evitar excesos, el gobierno ordena que las academias cierren ¡a las diez de la noche! De ese modo, los adolescentes solo estudian de 8 de la mañana a 10 de la noche. Aún así, muchos escolares continúan hasta las once en casa con la ayuda de sus padres. Añadiré que los profesores gozan de gran respeto y consideración social y la población está encantada con su sistema y su éxito. Bueno, pues no tenemos más que trasladar el modelo. Podemos empezar por triplicar el sueldo a los profesores y obligar a los alumnos a dedicar catorce horas al día al estudio y a los padres y madres a apoyar la medida y ya está, ¡Ah! Que la idiosincrasia de los coreanos no tiene nada que ver con la de los españoles. ¿Y la de los finlandeses?

Veamos Finlandia. Tienen menos horas de clase que en España. Aunque no suelen tener muchos deberes en sentido estricto, al acabar las clases, dedican largas horas al estudio en su casa, acompañados de sus padres cuyos horarios laborales les permiten estar con sus hijos. Por otro lado, los profesores gozan de gran respeto y consideración social, tienen elevados salarios y la profesión docente es muy prestigiosa. Igualito que aquí. Y un detalle muy importante: ni en Suecia ni en Finlandia existe conflictividad en las aulas. Un profesor sueco o finlandés no sabe lo que es tener que mantener el orden o llamar la atención al alumnado. Como aquí, vamos.

Pero hay algo que el señor Gabaldón señala y que el informe PISA confirma: los ricos repiten menos que los pobres (en palabras de Gabaldón), o que el entorno económico-social del alumno es el principal factor de desigualdad en el sistema español (en palabras del PISA). Gabaldón da una explicación peregrina. Los profesores prefieren relacionarse con alumnos bien vestidos (los españoles de bien de Feijoo), antes que con chicos de barrio humilde. "Es más fácil que los docentes vean con buenos ojos al estudiante de buenas maneras, bien vestido y educado, que al que habla mal o con dejes de barrio. El profesorado empatiza más con la clase alta" (sic). Para mí, esta afirmación es gravemente ofensiva para el profesorado.

Este Gabaldón nunca se ha encontrado con el cachorro de una familia adinerada, soberbio, faltón, maleducado, consentido y con deje de pijo. Ni con un hijo de un obrero, vestido humildemente, con bolígrafos baratos y libros de segunda mano, buen o mal estudiante y lleno de impecables principios éticos y morales; que dice "no me diera de cuenta", pero que veinte años más tarde todavía va de visita al instituto a contarte cómo le va en la vida.

Así que, según Gabaldón, las desigualdades en España dejarían de afectar al proceso educativo de los más desfavorecidos si los profesores "empatizaran" más con los chicos que tienen dejes de barrio y los aprobaran tanto como a los ricos bien vestidos.

El asunto de las desigualdades sociales no es para tomárselo a broma. La propia Unión Europea alerta sobre lo que está sucediendo en los países del sur.


Este gráfico procede de un informe sobre el euroescepticismo publicado en El Confidencial en 2019. Muestra cómo España es el cuarto país de de la Unión con más riesgo de pobreza, solo mejor que Letonia, Rumanía y Bulgaria. Mientras tanto, Finlandia es el segundo país con menos riesgo de pobreza.





Este otro gráfico, publicado en elDiario.es en 2021, muestra la proporción entre los ingresos del 20% de la población más rica y el 20% de los más pobres. Nuevamente, España es el cuarto país donde esta (des)proporción es mayor y Finlandia el cuarto más igualitario.


Finalmente, este otro, también de elDiario.es, muestra cómo el enriquecimiento de los más ricos y el empobrecimiento de los más pobres se agravaron durante la pandemia.

Así que, mientras los muy aficionados a obligar a repetir vamos empatizando más con los pobres de las barriadas, el estado y la Unión podían ir pensando en solucionar las desigualdades sociales y parecerse más a la tan envidiada Finlandia. Ello con el apoyo de los capitalistas que no son despiadados.
¡Cielos!, me ha salido una frase ambigua. No he querido decir que solo aquellos capitalistas que no son despiadados deben colaborar, no. He querido decir que los capitalistas (todos ellos) no son despiadados.

Por mi parte, creo que para evitar la repetición de curso podrían explorarse medidas tendentes a conseguir que el alumnado alcance los objetivos de curso o de etapa, de modo que el aprobado, la promoción de curso o la titulación de etapa sea una consecuencia de ello y no una medida obligada por la presión de la administración y de la sociedad para mejorar las estadísticas. Hablaré de la enseñanza secundaria que es lo que mejor conozco.

En primer lugar, y totalmente en serio, España necesita mejorar la justicia social, la redistribución de la riqueza y disminuir la marginalidad hasta niveles comparables a los de los países nórdicos.

En segundo lugar hay que estudiar con calma y sin prejuicios partidistas la redefinición de la enseñanza básica y de la enseñanza común. Debemos reconocer que la ESO es un fracaso. A partir de tercero de ESO, todo es un barullo de remiendos: adaptación curricular, diversificación, programa de mejora, FPB, PCPI, etc. Podrán los políticos y psicopedagogos salvar la cara manteniendo el nombre, ESO, pero debe cambiar completamente.
Por un lado, debe ser más corta, dos años, por ejemplo (de 12 a 14 de edad), con menos horas de clase, menos asignaturas y menos contenidos. Primando las lenguas y las matemáticas. Al finalizar la ESO deben abrirse diferentes vías adaptadas a los intereses, habilidades y capacidades de los alumnos. Dos o tres vías, siendo una de ellas la FP y otra el bachillerato. Este último de cuatro años. Creo que esta es una medida imprescindible para combatir la desmotivación, aburrimiento y desánimo generalizado que se está dando en tercero y cuarto de ESO. Pese al barullo de remiendos, se trata de mantener artificialmente en la misma vía a alumnos con muy diversos e incompatibles intereses. Y esto es una de las mayores fuentes de conflictos y de fracasos.
Finalmente, la función de los orientadores debe redefinirse para evitar la deriva, que muchos están sufriendo, de considerarse a sí mismos como miembros del staff, y dedicarse a la detección temprana de dificultades de aprendizaje y a la propuesta de medidas aplicables para reconducirlas.
¡Ah! y proteger al profesorado de todo tipo de agresiones, humillaciones, desconsideraciones, desautorizaciones, etc., inmerecidas. Entre otras, la arbitraria e injusta acusación de que somos aficionados a castigar a los alumnos, especialmente a los pobres, obligándolos a la nefasta medida de repetir curso.